José Afonso, el alma de Portugal

Enigmático, escéptico, despistado… Creador con denominación de origen, este sencillo portugués encarnó, en vida, la simbiosis equilibrada de un dilema eterno: el arte por el arte y el arte por la idea.
En Portugal, la figura artística y humana de José Afonso viene siendo protagonista desde hace tiempo de una ya densa bibliografía (1), de la que es buena muestra “Zeca Afonso, as voltas de um andarilho”, libro escrito por el periodista Viriato Teles y avalado por sus tres ediciones en portugués. En esta ocasión, el autor basó su trabajo en una meticulosa pesquisa de hemeroteca para elaborar un volumen en el que compila una serie de entrevistas a través de las cuales se nos muestra en su conjunto la personalidad humana de este creador, ambivalente en su doble faceta artístico-social.
El título resulta de lo más elocuente, al tratarse de un trabajo basado en las vivencias del artista: andarín es el apelativo atribuido en esta ocasión a José Manuel Cerqueira Afonso dos Santos (tal es el nombre completo del cantor). Persona, más que personaje, nacida en Aveiro el 2 de agosto de 1929, trasladado de niño al continente africano, emprendió tiempo después un contínuo deambular geográfico, fruto del cual van surgiendo reflexiones sobre diversos temas que llenan de contenido los distintos apartados en los que está dividida la obra que se nos ofrece.
En su edición portuguesa, el también cantautor luso Sérgio Godinho escribe un breve prólogo en el que sintetiza la poliforme personalidad de su colega, a la sazón protagonista, en su capacidad para unir tantas referencias en una obra creativa única. Posteriormente, el propio Teles, en tanto que autor, se sincera en su intención cuando manifiesta participar en una lucha contra el olvido, hoy tan en boga. Y, ciertamente, ahora que los músicos y cantores portugueses contemplan una mayor facilidad para la difusión de su arte, bueno será historiar tiempos pasados que perviven en el presente, como prueban la cantidad de versiones que de un tiempo a esta parte vienen poniendo en solfa el cancionero del que fue precursor y líder aglutinante de la canción lusitana.
En la introducción del libro se reproduce una frase del propio Afonso: “La realidad es todo: es aquello que existe, aquello que nosotros suponemos que existe y aquello que nosotros inventamos. Hay más cosas en la realidad de las que mucha gente piensa”. Frase muy apropiada, por cierto, para su canción “Utopía” (del disco “Como se fora seu filho”, Sassetti / Ventilador Music, 1984).

ARTISTA CÍVICO

Es opinión común entre quienes trataron en vida a José Afonso su desinterés dialéctico por la propia actividad artística que desarrollaba. En sus encuentros con otros colegas, el artista era más dado a hablar de cualquier otro tema que no del estrictamente musical. Naturalmente, esta actitud está bien reflejada en las páginas de un libro en el que su autor manifiesta que “Zeca prefiere hablar de personas y de la vida, de las cosas que van aconteciendo aquí y allí a lo largo de los años”. El propio artista se refiere en reiteradas ocasiones a esta actitud vital: “Soy una decepción para los músicos”. Incluso recurre a una especie de desdoblamiento para diseccionar su rol artístico como cantor, por una parte, y su faceta cívica como persona, por la otra: “Una cosa es mi actividad musical, la función lúdica de la música; otra cosa es el hombre político que soy. Ahora, cómo armonizan las dos cosas aún lo estoy por saber”.
Lógicamente, su decantación ideológica por la izquierda en general es otro de los contenidos presentes a lo largo de la publicación, hasta el punto de que, a menudo, el lector puede encontrarse más ante un agitador social que ante un creador artístico. De hecho, llegó a afirmar que “prácticamente nunca canto por gusto”.
Los apuntes biográficos aparecen salpicados en el relato de Teles, que da cuenta de su época de estudiante en la Facultad de Letras de la Universidad de Coimbra, donde comenzó su incipiente actividad musical. Posteriormente ejerció la docencia como profesor ambulante en diversas localidades –Alcobaça, Lagos, Faro…– hasta que fue expulsado de la enseñanza –Setúbal, 1967–. Como quiera que estos episodios tienen lugar en plena dictadura salazarista, no es de extrañar que fuese encarcelado en el año 1970. Menos dramática fue la anécdota que el propio Afonso y su público padecieron en su día en la Facultad de Ciencias de la Universidad de Lisboa, donde tuvo que cantar a oscuras, sin micrófono, porque la instalación eléctrica fue saboteada por dos policías disfrazados de ¡electricistas!
Sin embargo, este clarísimo posicionamiento político no le impidió reflexionar y ser crítico con sus propios compañeros de viaje, cuando se refirió a algunos de ellos como “sujetos que ingresan en un partido como si estuviesen en un club o en una iglesia. Eso les lleva a rechazar a otros individuos que tienen una actividad convergente o semejante a la de ellos, pero que pertenecen a otro grupo distinto”.
Llegado el momento de recordar el hito histórico que se produjo en Portugal el 25 de abril de 1974, hay que hacer referencia forzosa a su canción “Grândola, vila morena”, utilizada como contraseña por los impulsores del golpe de estado que reconduciría el país a la democracia. Posteriormente, el periodo iniciado entonces permitió a la nueva canción una mayor difusión que la dispensada anteriormente, en que incluso era censurada. Esta normalidad incluía una mayor facilidad para grabar y difundir discos. De hecho, cualquier oyente que tuviera a su alcance ciertas emisoras de radio lusas durante el verano de 1974, bien podría hacer una especie de bachillerato acelerado en canción portuguesa. Al tiempo, regresaban algunos cantores exiliados, mientras que en el propio país una artista tan asociada al anterior régimen (sic) como la mismísima Amália Rodrigues grabaría en un single (Columbia, 1974; posteriormente incluida en “Fandangueiro”, Columbia, 1977) su propia versión de la emblemática pieza.
El momento histórico que vivió el país durante aquella época es reflejado en algunas páginas del libro, destacando al respecto el llamado processo revolucionário em curso –PREC–, término con el que se designó el clima de agitación política, social y cultural que se vivió durante los años 1974 y 1975. Fue un periodo que condicionó la semántica del cancionero, en el que predominaban palabras de orden como “paz”, “pan”, “habitación”, “salud” o “educación”. Coherentemente, los cantores, como activistas sociales que eran, asumieron con su colaboración una entrega a tareas pendientes, como varias campañas de alfabetización. Este enorme reto también tiene su correlación en el repertorio de Zeca Afonso cuando cantó “O que faz falta é agitar a malta” en el tema “O que faz falta” (del disco “Coro dos tribunais”, Orfeu, 1974).

ARTESANO DE LA CANCIÓN

Sorprenderá siempre a quien conozca la obra de José Afonso el tratamiento, a menudo exquisito, con que cuidó sus grabaciones, en contraste con ese aparente desinterés por su actividad artística. Se trasladó fuera de su Portugal vivencial cuando la ocasión requirió ir a estudios de Madrid, París o Londres. Claro que la desmitificación de su oficio encuentra el razonamiento del propio artista, cuando declara al autor del libro: “Hago música como quien hace un par de zapatos. Sólo intento alinear sonidos y volverlos coherentes entre sí como quien hace un utensilio”. A oídos del aficionado, resalta en su amplio repertorio la variedad tímbrica y de contenidos musicales con que enriquece buena parte de sus canciones. Aunque para el propio Zeca no parece tan importante: “Lo que nosotros hacemos es siempre una cosa muy periclitante: meter en tres minutos una canción y conseguir un efecto único”.
La primera grabación de Zeca Afonso data de 1953. Se titula “Baladas de Coimbra” (Rapsódia) y en ella incluía, entre otros temas, “Fado das águias”, considerada su primera composición. Era un disco con cuatro canciones, en formato ep y de 78 revoluciones por minuto, como otros varios que registró ya durante la siguiente década de los años sesenta. El formato de larga duración lo estrenaría en 1967 con “Baladas e cançoes” (Ofir) y un repertorio en el que se dejaba notar la influencia del músico Edmundo Bettencourt, hombre decisivo en aquella época.
Más adelante, en el apartado dedicado exclusivamente a la discografía, Viriato Teles va detallando el contenido de las distintas grabaciones, resultando una guía especialmente útil para aficionados incipientes, que deben saber de la importancia, e incluso vigencia, de discos como “Cantigas do Maio” (Movieplay Portuguesa), grabado a finales de 1971 y en el que los contenidos surrealistas, apuntados en anteriores registros, aparecen aquí asumidos en su plenitud, al tiempo que inmortalizaba la versión original del citado “Grândola, vila morena”. Mención especial hace el propio artista de su disco “Com as minhas tamanquinhas” (Movieplay Portuguesa, 1976), un trabajo, según el autor del libro, “de temática política pero claramente diferenciado de las tentaciones más primarias del llamado realismo socialista”.
Nuevas grabaciones van manteniendo la continuidad del artista: En “Fura fura” (Orfeu, 1979), Zeca Afonso se acompaña del joven grupo Trovante. Posteriormente, materializa una vuelta a sus orígenes en “Fados de Coimbra e outras cançoes” (Movieplay Portuguesa, 1982). En este disco incluyó otra de sus canciones emblemáticas: “Balada de outono”. Grabada originalmente en 1960, simbolizó la evolución que la música portuguesa comenzaba a experimentar en aquella época. Aunque el propio artista trató una vez más de desmitificar tal razonamiento, cuando declaró al respecto: “Designé mis primeras canciones como baladas no porque supiese exactamente el significado del término, si no para distinguirlas del fado de Coimbra que comenzara a cantar y con el que, personalmente, llegué a una fase de saturación”. Así y todo, esta empatía con el cancionero popular de su país permaneció perceptible a lo largo de toda su obra, al igual que la música procedente de las antiguas colonias –Angola y Mozambique–, destacando en este último aspecto su condición de precursor, habida cuenta de la vigencia actual de los sonidos africanos en el contexto de las músicas del mundo.

ZECA AFONSO, EL MITO

Los discos se sucedían en la carrera de José Afonso, quien, al margen de los estudios de grabación, registraría en directo el que sería su gran acontecimiento: un recital espectacular en el Coliseu de Lisboa el 29 de enero de 1983 –más tarde se reproduciría en Oporto–, organizado por la Cooperativa Artística Eranova y en el que se sucedieron acompañando al cantor una serie de colectivos e individualidades artísticas, al tiempo que desde el palco era recordado Adriano Correia de Oliveira, compañero de vivencias creativas y universitarias fallecido prematuramente en 1982 con tan sólo 40 años de edad. Entre los participantes en aquel histórico encuentro estaba el principal superviviente de los cantores allí presentes: el sin par Fausto, que precisamente en este 2003 verá publicado su nuevo disco, cuyo contenido se anuncia como evocador de aquella época.
Y es que, tal como refleja el libro, todo este movimiento de canción portuguesa se desarrolló durante este periodo con un claro espíritu colectivo. Zeca era el aglutinante, la persona en torno a la cual iba germinando toda una dinámica artístico-social. Algunos de aquellos compañeros de viaje volverían a reunirse en el que sería su último disco: “Galinhas do mato” (Transmédia, 1985), producción que recopiló material disperso que el artista tenía grabado en casetes, posteriormente trabajado en estudio por José Mário Branco y Júlio Pereira. En esta ocasión, además de canciones, también se incluyeron varios temas exclusivamente instrumentales. Una vez más, el artista combina ciertos experimentos sonoros con nuevos cánticos de temática social. Ironiza sobre la integración europea en “Década de Salomé” y se muestra lírico y tierno en “Benditos”. Versatilidad consubstancial a lo largo de su trayectoria que, quizá mejor que nadie, describió una perfecta desconocida entre nosotros. Se llama Elfriede Engelmayer y realizó al respecto una tesis de doctoramiento (“Utopie und vergangenheit: das liedwerk des portugiesischen sängers José Afonso”, Universidad de Viena, Austria, 1985) en la que se puede leer: “José Afonso, el poeta, vive en la sombra de Zeca Afonso, el cantor político”. La cita fue recogida también por Viriato Teles en su cuaderno “Música popular portuguesa, uma bibliografia” (Câmara Municipal de Amadora, Portugal, 2001).
Los homenajes que se le tributaron en vida completan el relato sobre su incidencia social. Éstos comenzaron a lo largo de todo Portugal y después continuaron tanto en Madrid como en Galicia. Especialmente espectacular fue el celebrado el 31 de agosto de 1985 en el auditorio del Parque de Castrelos, en Vigo, con la participación de un enorme elenco de artistas, tanto gallegos como portugueses, y en el que coincidieron algunos cantores de la época de Zeca junto a nombres de la entonces incipiente nómina folk. A saber: Jei Noguerol, Miro Casabella, Doa, Na Lúa, Fuxan os Ventos, Amélia Muge, Vitorino… Otros músicos, como el grupo Clunia Jazz, ampliaron el espectro artístico del homenajeado. El lema que encabezó el festival fue “Galiza a José Afonso”, quedando registrado para la posteridad en un compacto del mismo título editado por Edicións do Cumio en el año 1999.
Pero el autor se detiene especialmente en los actos póstumos celebrados simultáneamente en varias ciudades gallegas durante mayo de 1987, apenas tres meses después de su fallecimiento. Fue aquel un tributo en el que tuvo una especial responsabilidad organizativa el cantor gallego Benedicto, con quien Zeca compartió durante varios años cantidad de escenarios y que con el tiempo llegaría a ser su principal anfitrión galaico. En aquella ocasión, el múltiple homenaje consistió en una serie de conferencias y recitales sobre el cantor y su amplio mundo con la participación de nombres tan representativos como la coral De Ruada, Emilio Cao, Luis Pastor, Maria del Mar Bonet, Milladoiro o Pi de la Serra, entre otros. En esta ocasión, y como reclamo genérico de tan amplio despliegue, se utilizó el título de uno de sus discos: “Enquanto há força” (Orfeu, 1977). La solidaridad en torno al artista fue, pues, tan patente como necesaria, ante el delicado estado de salud en que se encontraba durante la década de los años ochenta, habida cuenta de su precaria situación económica.
Y llegado a este punto, el lector se preguntará, tal vez, cómo fue posible un final semejante para un creador de tan enorme talento. Quizá la respuesta adecuada sea la que se nos ofrece en palabras del periodista António Duarte: “José Afonso murió pobre porque nunca pactó con el sentido común, con la comercialidad, con el poder, con lo fácil y gratuito”. Por su parte, el propio intérprete declaró en su día que “somos un país de cantineros y de vendedores, que vendieron en las Africas, en Brasil, en Extremo Oriente… Ahora somos un país de pequeños comerciantes y estamos a vendernos los unos a los otros, aún apuntando al respecto que se dan excepciones que escapan a esta regla general”.
De su grave enfermedad y posterior fallecimiento el 23 de febrero de 1987, queda para el recuerdo la inmensa concurrencia a su entierro, que hizo del mismo una muestra póstuma de adhesión popular. Mientras, en Portugal las autoridades políticas no decretaron luto oficial.

Xoán Manuel Estévez
Publicado na revista Batonga! – Janeiro, 2003

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